Nutrición en triatlón: qué enseña una revisión de 2005 sobre energía, hidratación y molestias intestinales
Jeukendrup y colaboradores reunieron evidencia sobre alimentación antes, durante y después del triatlón. Conoce los mecanismos, las aplicaciones y los aspectos que deben interpretarse a la luz del conocimiento posterior.
Puede salir del agua dentro de la planificación, pedalear bien y encontrar una carrera muy diferente de aquella que entrenó. Entre el acondicionamiento y el resultado existe una tarea continua: conseguir suministrar energía y líquidos al organismo sin transformar la alimentación en más una dificultad de la competición.
Esa relación es el centro de Nutritional Considerations in Triathlon, revisión publicada en 2005 por Asker Jeukendrup, Roy Jentjens y Luke Moseley en la revista Sports Medicine. Los autores organizaron conocimientos sobre preparación alimentaria, alimentación durante el ejercicio durante el ejercicio, recuperación y problemas asociados a la nutrición en el triatlón. [1]
La lectura ayuda a entender por qué una estrategia nutricional necesita acompañar la competencia entera, pero exige atención a la fecha: algunas recomendaciones numéricas, especialmente sobre hidratación, no deben ser transportadas directamente al presente. En este editorial, las ideas del artículo y la contextualización posterior están identificadas separadamente.
¿Qué tipo de evidencia ofrece este artículo?
El trabajo es una revisión narrativa. Los autores discuten investigaciones ya publicadas y proponen interpretaciones y orientaciones. No reclutaron un nuevo grupo de triatletas para probar, en este artículo, un único protocolo de alimentación.
Esto cambia la forma de leer sus resultados. No existe una muestra única de la revisión ni un porcentaje general de mejora que represente todos los estudios. El texto reúne experimentos de laboratorio, observaciones en competiciones e investigaciones con ejercicios de endurance, incluyendo ciclismo y carrera realizados separadamente.
La revisión tampoco presenta una estrategia de búsqueda y evaluación de estudios en los moldes de una revisión sistemática. Su contribución es integrar mecanismos y aplicaciones; su limitación es que la discusión no ofrece una estimación cuantitativa única ni una clasificación formal de la certeza de cada recomendación. [1]
1. El problema comienza en las reservas disponibles
carbohidrato se almacena principalmente como glucógeno en los músculos y en el hígado. El glucógeno muscular proporciona combustible al ejercicio; el hígado ayuda a mantener la disponibilidad de glucosa en sangre. Estas reservas son limitadas y participan de la capacidad de sostener el esfuerzo.
El artículo coloca su reducción entre los factores importantes para la fatiga en el triatlón. Eso no significa que toda caída de ritmo sea falta de carbohidrato. La propia revisión discute el papel de la temperatura corporal y reconoce dificultades para explicar competiciones largas apenas por cálculos de agotamiento del glucógeno. [1]
La enseñanza es que la alimentación necesita ser planificada antes de que la dificultad aparezca. Una estrategia iniciada solamente cuando el atleta siente una ruptura intenta resolver, durante el ejercicio, un problema que ya venía siendo construido.
Preparar las reservas no requiere transformar la víspera en una prueba de resistencia
Los autores revisan el protocolo clásico de supercompensación de glucógeno, que combinaba ejercicio de depleción, días de poco carbohidrato y una fase posterior de alta ingestión. También presentan estudios en que reservas elevadas fueron alcanzadas con manipulaciones menos drásticas. [1]
La lección conceptual es separar el objetivo del ritual. El objetivo es llegar a la salida con disponibilidad adecuada de combustible. Una secuencia más desgastante no se vuelve superior apenas por parecer más elaborada. Los protocolos discutidos en 2005 son parte de la historia de esa investigación, y no una indicación para insertar un entrenamiento de agotamiento cerca de la competencia.
El artículo también llama atención sobre la comida anterior a la salida, especialmente después del ayuno nocturno. La elección precisa considerar disponibilidad de carbohidratos, tiempo hasta el inicio y digestión. Una comida teóricamente suficiente puede fallar en la práctica si el atleta no consigue tolerá. [1]
2. Comer, absorber y utilizar son etapas diferentes
Una de las partes más esclarecedoras de la revisión es la discusión sobre el camino del carbohidrato ingerido. Necesita atravesar el sistema digestivo, ser absorbido y estar disponible para uso. La cantidad consumida no corresponde automáticamente a la cantidad usada por los músculos en aquel momento.
En 2005, el artículo recomendaba aproximadamente 60–70 gramos de carbohidratos por hora durante la competición, apoyando en la literatura sobre utilización de carbohidratos ingeridos. Pero ya discutió investigaciones en que combinaciones de glucosa y fructosa aumentaban la oxidación del carbohidrato suministrado durante el ejercicio. [1]
La explicación involucra mecanismos diferentes de transporte intestinal. Cuando la oferta depende de una sola vía, aumentar la ingestión puede no producir un aumento proporcional en la entrega. Combinar fuentes que utilizan vías distintas puede ampliar esa disponibilidad.
Hay una distinción científica importante: en esa revisión, los autores todavía apuntaban la necesidad de investigar si la mayor oxidación observada se traduciría en mejor desempeño. Demostrar un mecanismo favorable no es el mismo que demostrar un resultado competitivo superior. [1]
Contexto posterior: 60–70 g/h no es un techo universal
Las orientaciones consultadas del Australian Institute of Sport diferencian la ingestión por la duración: 30–60 g/h en esfuerzos de 1 a 2,5 horas y hasta 90 g/h en eventos superiores a aproximadamente 2,5–3 horas. Para tasas elevadas, destacan combinaciones de carbohidratos con diferentes transportadores y la práctica de la estrategia en los entrenamientos. Son referencias generales, no una meta obligatoria para cualquier atleta o sesión. [2]
Esta actualización ayuda a situar la revisión históricamente. Su número no debe ser tratado como un límite definitivo, y una dosis mayor tampoco debe presentarse como beneficio garantizado para todos.
3. El ciclismo es una oportunidad de alimentación durante el ejercicio que necesita ser organizada
Durante la natación, las oportunidades de ingestión son muy restringidas. En la carrera, el movimiento y la incomodidad pueden dificultar el consumo. La bicicleta ofrece una oportunidad importante para acceder e ingerir líquidos y alimentos; el artículo destaca este aspecto de la logística del triatlón. [1]
La consecuencia práctica no es intentar consumir todo de una vez en el ciclismo. Es reconocer que la estrategia de una etapa interfiere en las condiciones en que la próxima comienza. Si el atleta deja la ingestión para la carrera, puede llegar al segmento con una necesidad difícil de atender. Se concentra una cantidad que no tolera en la bicicleta, puede cargar la incomodidad para la carrera.
Ejemplo editorial: convertir una cantidad en una estrategia ejecutable
Supongamos que un plan individual ya establecido prevea 60 g de carbohidratos por hora en el ciclismo. Una bebida con 30 g y un gel con otros 30 g completan esa cantidad. La suma, sin embargo, no responde a todas las preguntas: ¿El atleta consigue acceder a los productos con seguridad? Tolera la combinación? El volumen de líquido es coherente con las condiciones?
Si los 60 g están en 500 mL de bebida, la concentración será de 12 g por 100 mL, o 12%. Si están en 1 litro, será de 6%. La cantidad de carbohidrato es igual, pero la formulación y el volumen son diferentes. Esta es una demostración matemática, no una indicación para beber un litro por hora.
La revisión discutió bebidas con 5–8% de carbohidratos como una rango favorable al compromiso entre entrega de líquidos y combustible. Esto no permite concluir que cualquier concentración por encima de ella necesariamente causará síntomas. Permite entender por qué evaluar solamente los gramos por hora deja una parte de la estrategia de fuera. [1]
4. Las molestias intestinales no son un detalle del resultado
Náusea, cólicos, vómitos y diarrea pueden limitar la alimentación y el ritmo. El artículo discute asociaciones entre síntomas y factores como soluciones concentradas, ingestión de fibras, grasas o proteínas durante la competencia, además de las condiciones fisiológicas del ejercicio. Esas asociaciones no demuestran que cada componente sea una causa inevitable de incomodidad. [1]
Los estudios reunidos presentan frecuencias de síntomas bastante diferentes. Un levantamiento citado incluyó más de 25 mil competidores de diferentes competiciones; otro investigó apenas 30 participantes en una competición de larga distancia. Esos contextos no pueden ser condensados en una tasa única válida para todo triatleta. [1]
El esfuerzo también redistribuye el flujo sanguíneo para los músculos y, dependiendo de las condiciones, para la piel. El aparato digestivo realiza su tarea dentro de ese escenario. Por eso, la misma alimentación puede ser tolerada de manera diferente en el descanso, en un entrenamiento leve y en una competencia exigente. [1]
Una aplicación útil es probar la estrategia en condiciones pertinentes a la competencia y registrar el contexto. Si hubo síntomas, vale observar cantidad, concentración, momento de la ingestión, intensidad y ambiente. Intercambiar todos los productos simultáneamente dificulta identificar lo que hizo diferencia.
Una hipótesis plausible aún necesita ser demostrada
La revisión también discute la endotoxemia: la presencia de componentes bacterianos en la circulación, investigada como posible explicación para síntomas después de ejercicios prolongados. Los autores apuntan problemas de interpretación en algunos trabajos y relatan que, en una investigación de triatletas, la intensidad de la endotoxemia no se relacionó a la incidencia o a la gravedad de las quejas. [1]
El aprendizaje va más allá de la nutrición: encontrar una alteración biológica después de una competencia no competición que ella causó los síntomas. Es necesario demostrar la relación, y la revisión reconoce esa incertidumbre.
5. Hidratación: el punto que más exige lectura crítica
El artículo enfatiza los posibles perjuicios de la pérdida de agua y propone limitar la reducción de masa corporal a aproximadamente 1%. También asocia bebidas con sodio a la prevención de la hiponatremia. Esas recomendaciones merecen contexto, especialmente porque el propio texto ya reconocía el riesgo de ingerir líquidos en exceso y discutió resultados poco concluyentes sobre la protección ofrecida por el sodio. [1]
Contexto posterior: sodio no neutraliza exceso de líquidos
El consenso internacional de 2015 sobre hiponatremia asociada al ejercicio identifica el consumo excesivo de líquidos en relación a las pérdidas como factor central, frecuentemente combinado a la reducción de la capacidad de eliminar agua. Bebidas deportivas con sodio y suplementos de sal no impiden el problema cuando hay ingestión excesiva. El documento destaca la sede como orientación para reducir ese riesgo. [3]
Esto impide tratar la meta de 1% de la revisión como obligación universal o forzar el mantenimiento del peso. El cambio de masa corporal durante una competición prolongada no representa exclusivamente sudor perdido, una limitación que el propio artículo discute. [1,3]
Para el lector, la distinción esencial es que la reposición de combustible y la ingesta de líquidos necesitan ser coordinadas, pero no son la misma meta. Beber más sólo para alcanzar determinada cantidad de carbohidratos puede crear otro problema. El AIS también reconoce que las necesidades de combustible y líquidos varían de forma diferente según la situación. [2]
6. Recuperación depende también de cuánto tiempo existe hasta el siguiente entrenamiento
En la recuperación, la revisión diferencia el escenario de una nueva sesión en pocas horas de aquel en que existe un intervalo mayor. Cuando el tiempo es corto, iniciar la reposición de carbohidratos pronto gana importancia para la velocidad de resíntesis del glucógeno. En períodos más largos, la cantidad total consumida también tiene papel central. [1]
Esto evita transformar el post-treino en un ritual idéntico para cualquier actividad. Una triatleta que termina una sesión por la mañana y tendrá otra exigente a la tarde enfrenta una necesidad de organización diferente de aquella de quien sólo volverá a entrenar al día siguiente.
El texto todavía discute la adición de proteínas a los carbohidratos. En algunos estudios, aumentaba la reposición de glucógeno; cuando la ingestión de carbohidratos ya era elevada, ese beneficio adicional no aparecía. Esa conclusión se refiere al resultado glucógeno, no a la inutilidad de la proteína para la recuperación. El propio artículo distingue la reposición de combustible de los procesos de síntesis y reparación proteico. [1]
El mismo cuidado vale para los líquidos: ingerir un volumen y volverlo son cosas diferentes. La revisión examina el papel del sodio y de la alimentación en la restauración del balance hídrico. Sus protocolos experimentales de rehidratación no deben confundirse con un orden para consumir grandes volúmenes rápidamente después de cualquier sesión. [1]
¿Qué permite llevar esta revisión al entrenamiento?
El mérito del artículo es mostrar una cadena de tareas conectadas. Llegar con reservas adecuadas facilita el inicio; una ingestión ejecutable sustenta la continuidad; tolerancia digestiva permite mantener la estrategia; recuperación prepara la sesión siguiente.
Para aplicar este razonamiento, el atleta puede discutir con su equipo cinco preguntas:
- ¿Cómo voy a llegar a salida? Considerar la alimentación anterior y la tolerancia a las comidas precompetición.
- ¿Dónde puedo abastecerme? Planificar acceso, transporte y consumo en cada segmento.
- ¿Qué realmente estoy consumiendo? Sumando los carbohidratos de las bebidas y de los alimentos, sin confundir esa cuenta con la necesidad de líquidos.
- ¿Cómo respondo a la estrategia? Observar comodidad digestiva y ejecución en condiciones similares a las de la competencia.
- ¿Cuándo volveré a estar listo? Organizar la recuperación de acuerdo con la siguiente demanda.
Las respuestas no salen de un número aislado del artículo. Ellas surgen de la combinación entre evidencia, características de la competencia, práctica y acompañamiento individual. La contribución duradera de esa revisión es ayudar al atleta a entender las etapas del problema y a hacer preguntas mejores sobre su propia preparación.
Límites y transparencia
Esta es una síntesis crítica y selectiva de una publicación de 2005. La contextualización posterior utiliza las fuentes [2] y [3], sin constituir una revisión exhaustiva de toda la literatura actual. No hay un nuevo análisis estadístico, y los ejemplos numéricos de este editorial no fueron probados por el artículo ni representan prescripciones individuales.
En los agradecimientos, los autores informan que sus investigaciones recibían financiación de la GlaxoSmithKline Consumer Healthcare. Esa declaración es relevante para la transparencia de la lectura, pero no demuestra, por sí solo, que las conclusiones estén incorrectas. [1]
Referencias
- Nutritional considerations in triathlon — Jeukendrup, A. E.; Jentjens, R. L. P. G.; Moseley, L. — Sports Medicine, v. 35, n. 2, p. 163–181, 2005 · abrir (consultado el 2026-10-14)
- Sports drinks: how and when do I use it? — Australian Institute of Sport · abrir (consultado el 2026-10-14)
- Statement of the 3rd International Exercise-Associated Hyponatremia Consensus Development Conference, Carlsbad, California, 2015 — Hew-Butler, T. et al. — British Journal of Sports Medicine, v. 49, n. 22, p. 1432–1446, 2015 · abrir (consultado el 2026-10-14)
ESTUDIO ORIGINAL
Nutritional Considerations in TriathlonAsker E. Jeukendrup, Roy L. P. G. Jentjens e Luke Moseley · Sports Medicine · 2005
Cada um no seu ritmo. Juntos no caminho.